¿Choque de trenes?

Estamos en un momento de peligro. No bastan la indignación y el coraje. Necesitamos con urgencia, ante el atropello inminente, buena organización y astucia estratégica.

Hay inercias que parecen llevar ciegamente a las autoridades y a los maestros a una confrontación destructiva que no será buena para nadie. El choque causará muchos daños, pero no producirá lo que quieren las partes en pugna.

En Oaxaca, el enfrentamiento está encima. La aguerrida sección 22 se muestra dispuesta a todo: plantones, bloqueos, marchas, paro, aunque éste se realice bajo la amenaza que empieza ya a cumplirse: cese sin indemnización. Las dos partes velan armas como si fuera la batalla final. La SEP anuncia que cuenta con 26 000 maestros dispuestos a reemplazar a los paristas; la sección 22 la desafía a hacerlo.

Doblegar al sector rebelde de los maestros, en Oaxaca y otras partes, ha sido obsesión gubernamental por mucho tiempo. Es uno se los propósitos centrales de la llamada “reforma educativa”. Cerrado al diálogo, el gobierno acumula provocaciones para estimular acciones desesperadas que sirvan de pretexto a la represión policiaca y laboral que prepara.

No es ése el propósito último de la estrategia. Doblegar brutalmente a la Sección 22 buscaría intimidar a los pueblos de Oaxaca dedicados a defender su territorio. El gobierno quiere ampliar el despojo, para entregar al capital lo que los pueblos defienden. Nada parece detenerlo. Pasa por encima de la ley, de sus obligaciones, de sus compromisos. Paga cualquier precio en prestigio nacional e internacional. Lo ilustra Ayotzinapa, a escala nacional; en Oaxaca, el ejemplo es Álvaro Obregón.

No hay vergüenza ya en la clase política”, señalaron el CNI y el EZLN en un comunicado conjunto sobre la agresión del 14 de mayo al pueblo de Álvaro Obregón. “Creen que podrán agredir, amenazar y amedrentar la digna lucha de los pueblos… ¡No podrán!... Hermanas y hermanos de Álvaro Obregón, desde los cuatro rumbos de nuestros territorios les decimos: ¡No están solas! ¡No están solos!...Como CNI estaremos pendientes de que estos hechos no vuelvan a ocurrir y haremos escuchar nuestra voz desde todos los rincones de nuestro ensangrentado país”.

Oaxaca está lleno de proyectos de muerte. Por años los pueblos han dicho ¡Basta! y no ha sido posible doblegarlos. El gobierno amplía ahora la agresión para arrasar en el Istmo con la zona económica especial y vencer otras resistencias.

En esta guerra, los pueblos originarios están al frente y son el principal objetivo a vencer: tienen y guardan lo que el capital quiere. Lo comprenden bien padres y autoridades de las comunidades indígenas de la Mixteca oaxaqueña, por ejemplo, que desde el 12 de mayo se movilizaron a la ciudad de Oaxaca por considerar que la lucha de los maestros es también su lucha. Saben lo que significa para sus niñas y niños la reforma educativa: dejarlos sin escuela. En muchas comunidades no hay suficientes niños para algunos grupos; conforme a las nuevas disposiciones, el maestro deberá abandonarlos. En muchos casos tendrá que cerrarse la escuela. Corre el rumor de que las autoridades harán como en Brasil: ofrecerán transportar a los niños a otra comunidad, porque eso les sale más barato y porque así cumplen su intención de desarraigarlos de sus comunidades, otro de los propósitos de la guerra. Tal como defienden sus territorios, las comunidades defienden ahora a sus maestros, sus escuelas.

Es cierto que, como de costumbre, hay efervescencia en las diversas fuerzas que componen la sección 22 y no logran ponerse de acuerdo sobre el camino a seguir. No han consultado suficientemente a las bases ni retomado su estructura asamblearia. Tienen en contra a buena parte de la opinión pública. Como de costumbre, el gobierno aprovechará estas debilidades. No hay lugar al optimismo.

Puede aún, sin embargo, alimentarse la esperanza. Muchos maestros están conscientes de la inminente represión física y administrativa que se les viene encima: descuentos, ceses, cárcel, golpes…. Poco a poco han estado tejiendo su lucha con los pueblos y con la llamada sociedad civil. Quieren caminar junto con ella y ante todo escucharla. La semana pasada se reunieron de diversas formas con ella.

Preparan un cambio de estrategia. Saben que este gobierno no reaccionará como los anteriores ante las movilizaciones y organiza el atropello. Empiezan a ver que en esta guerra terrible que se libra contra ellos y contra los pueblos, la clave está en sus decisiones. Pueden centrar la lucha en su propio territorio, en el salón de clase, en las escuelas, e involucrar en ella a padres y comunidades, haciéndoles ver que no se trata solamente de reivindicaciones gremiales, aunque éstas sean importantes. Empiezan a apelar a la imaginación, como ya hicieron antes. Sin abandonar la calle, buscarían otras herramientas.

David siempre ganará a Goliat…si lo enfrenta en su propio territorio y usa sus propias armas. Ojalá los maestros tengan tiempo de dar el golpe de timón que hace falta.