Mojiganga

12 de octubre de 2015

El caso de Gabino Cué ilustra bien la degradación moral, política e intelectual de las clases políticas y las reacciones lúcidas y valerosas de la gente ante sus atrocidades.

La gota que derramó el vaso de la muy colmada paciencia ciudadana en Oaxaca fue la decisión del gobernador de construir un costoso centro de convenciones en el emblemático Cerro del Fortín, espacio sagrado para los oaxaqueños. La única razón de realizar esta obra en ese lugar, a un alto costo ambiental, social y político, es el beneficio de su promotor, el secretario de Turismo del gobierno local y copropietario del hotel que se ubica al lado del centro proyectado.

El centro despertó inmediata oposición. Se formó un frente ciudadano contra él. Encabezadas por Francisco Toledo, miles de personas manifestaron su rechazo, conscientes de los daños que causaría y decididas a resistir el destrozo de la ciudad y el atropello de la voluntad popular. Funcionarios nacionales e internacionales, lo mismo que técnicos de diversas especialidades, se pronunciaron contra la obra. Cuando el vendaval opositor arreció, el gobernador anunció una salida de pie de banco: organizar una consulta. Aunque se denunció su carácter ilegal y antidemocrático, tuvo lugar el pasado 4 de octubre.

Hubo acarreos, acopio de credenciales en oficinas públicas, intensa propaganda, acoso de empleados y vecinos… Con todo eso, sólo se logró que votara a favor 6 por ciento de los electores. Cada voto costó más que los de elecciones, aun sin contar los millones gastados en la publicidad gubernamental en favor del centro. Todavía no terminaba de anunciarse el resultado cuando su beneficiario, el copropietario del hotel, anunció la licitación para la obra.

Lo peor de todo el episodio vino en seguida. Gabino Cué declaró: “La consulta… constituye el primer referente de democracia directa que se realiza en toda la historia de la entidad”. Sic. Tal cual. Eso dijo. La frase no sólo revela un cinismo descomunal y un desconocimiento insoportable de lo que ocurre cotidianamente en las comunidades indígenas de Oaxaca desde tiempo inmemorial. Muestra también la infame materia que forma el corazón y la cabeza de los gobernantes.

Es una mojiganga, una farsa, dijo Francisco Toledo sobre la consulta. Fue una imagen precisa. Pero no sólo se aplica a la consulta. Hace tiempo la voz popular se refiere al gobernador como Gabino Fue. Así ridiculiza su incapacidad de gobernar. Su gestión es una farsa. Recibirá pronto, seguramente, el premio que creó Toledo para el funcionario más incapaz de oír a la gente.

Muchas personas creyeron en Gabino Cué al elegirlo. Si bien empezó pronto a defraudar su confianza, al concentrarse en los más criticados proyectos de Ulises Ruiz y mostrarse sordo ante las exigencias ciudadanas, tardó en mostrar el cobre. Se seguía viendo en él a una buena persona. Se encontraban excusas a su incapacidad. No era evidente su degradación moral.

Su gestión, dedicada a respaldar el despojo y a emplear recursos públicos y facultades administrativas para beneficiar al capital en general y a sus amigos en particular, ha impuesto a Oaxaca daños innumerables, lo mismo en el ambiente que en el tejido social o la vida política. Con Murat y Ulises Ruiz se creía haber tocado fondo. Era difícil imaginar algo peor. Cué lo logró.

No hay razón para llamarse a engaño. Hace años circula por Vimeo El sueño de un corazón palpitante. Por dos minutos están las imágenes clásicas: la Guelaguetza, Monte Albán, artesanos, mujeres haciendo tortillas, la milpa, gente en las calles y las plazas. Pero en seguida se oye la voz: Hoy no somos el ayer y el anuncio: Oaxaca ya cambió. En los siguientes cuatro minutos la gente desaparece –no hay una sola persona– y se suceden toda suerte de obras, muchas impugnadas e insensatas, como las presas Paso Ancho y Paso de la Reina. Al mencionar la seguridad, se muestran las rejas de una cárcel. La grandeza de nuestra biodiversidad se representa con molinos industriales de viento.

Esto se propuso hacer Gabino Cué. No podía anticiparse que lo haría con tanta corrupción y autoritarismo, que construiría su Casa Blanca, que llamaría a la gendarmería militarizada… Pero el deterioro no se dio en un día. En el último año se duplicaron los delitos contra migrantes a su paso por Oaxaca, asesinaron a cuatro periodistas y a numerosos dirigentes sociales, y aumentaron sustancialmente los feminicidios y las violaciones de derechos humanos. La gendarmería militarizada, que acudió con el pretexto de los maestros, se prepara ya a doblegar la creciente resistencia al agresivo despojo que se intensifica y puede llegar a extremos sin precedente en la zona económica especial del Istmo.

Seguirán los escándalos, el cinismo, la impunidad, la corrupción, la incompetencia y el autoritarismo. Se hará evidente la guerra que libran los de arriba contra la gente. Pero no habrá ya descuido. Con inmenso valor e imaginación, ante amenazas de muerte y campañas de desprestigio como las que sufren los pintores Toledo y Hernández, los de abajo velan ya sus armas… que buscan, ante todo, abatir la violencia que ha caído sobre ellos.