Hartos

 20 de julio de 2015

Estoy harto de lo que pasa en Oaxaca, declaró hace unos días Francisco Toledo. Expresó así, con precisión de artista, el ánimo que ronda en Oaxaca. Circula de nuevo el ¡Basta ya! de los zapatistas. Decimos otra vez el ¡Estamos hasta la madre! de Javier Sicilia.

Nos moviliza hoy el valor simbólico, histórico y ambiental del Cerro del Fortín. Nos moviliza la corruptela insensata de uno de los dueños del hotel instalado en el Fortín. Como secretario de Turismo del gobierno del estado, en evidente conflicto de intereses, impulsó la construcción de un gran centro de convenciones al lado de su hotel que puede causar inmensos daños ambientales y sociales.

El propio Toledo mostró la injusticia atroz de asignar al centro mucho más dinero que a los servicios de salud, aunque hay niños que nacen en los patios de los hospitales y médicos que hacen huelga porque la falta de medicamentos les impide hacer su trabajo. Pero no estamos luchando contra la idea de construir un centro de convenciones, aunque existe ya uno a 100 metros del proyectado y otro a dos kilómetros. Luchamos contra la idea de hacerlo en el Fortín y con tanto despilfarro. Hemos presentado ya tres opciones de ubicación mejores que la del cerro, sin sus riesgos geológicos y daños ambientales y mucho más baratas y eficientes.

Nos moviliza una larga serie de atropellos. El centro fue la gota que derramó el vaso.

Estamos hartos de la corrupción e incompetencia de las autoridades y de la política como mero negocio de unos cuantos. Una y otra vez hemos demostrado que sabemos mucho mejor que los funcionarios lo que debe o no hacerse.

Estamos hartos de su autoritarismo, de sus cegueras y sorderas a cuanto dice y hace la gente. No nos hicieron caso cuando tratamos de impedir la construcción de una tienda Chedraui que destruyó un bosque urbano de enorme valor; cuando presentamos opciones a un absurdo distribuidor vial; cuando defendimos muchas áreas agredidas, como el cerro de San Felipe; cuando exigimos desmantelar el pañal que puso Ulises Ruiz al auditorio Guelaguetza… Ha resultado imposible lograr que las autoridades escuchen el clamor de la sociedad.

Estamos hartos del cinismo. El centro viola todas las regulaciones locales y federales… pero del gobernador para abajo siguen declarando que cumple todos los requisitos. Mientras se cae el país y cunde la miseria, sólo escuchamos del gobierno que estamos en el mejor de los mundos posibles.

No nos tranquiliza el anuncio de una consulta pública sobre el centro, que no pueden realizar los funcionarios que la prometieron y mostró el carácter engañoso de la ley de participación que impulsaron. En la Guelaguetza popular, nacida como alternativa a un espectáculo oficial para extranjeros que nos margina, empezamos hoy la campaña ¿Qué pasó con mis derechos?, que reclama la cerrazón del Congreso y de sus jefes en Gobernación ante una profunda y extensa consulta sobre derechos indígenas. Ya no creemos en la palabra de arriba.

Es cierto que tras 12 años atroces de Murat y Ulises Ruiz la llegada de Cué generó esperanzas en diversos sectores. Son ahora los primeros en declarar frustración y desencanto. Y sí, estamos hartos de todas las clases políticas por su corrupción, por su incompetencia, por su autoritarismo. No fue despropósito de Toledo decir que la consulta tendría sentido si incluyera la revocación del mandato del gobernador y del presidente municipal.

No nos alivia saber que el caso de Oaxaca no es la excepción, sino la regla. Estamos también hartos de que El Chapo Guzmán y Ulises Ruiz estén libres, a pesar de sus crímenes innumerables, y sigan encerrados Nestora, Mario Luna, los presos políticos oaxaqueños, muchos compañeros nuestros.

Estamos hartos de que se siga entregando el país al capital privado y se intensifique el despojo grosero y abierto de nuestros territorios, nuestras aguas, nuestros medios de subsistencia.

Estamos hartos de las concesiones a mineras, de los megaproyectos, de las obras disparatadas, mientras nos agobia cada vez más el desastre económico al que contribuye cotidianamente el gobierno.

Nos apena ver que algunos compañeros cierran los ojos ante esta situación, no se animan a enfrentarla con coraje, dignidad y organización, y se conforman con la ilusión del recambio, alimentando la fantasía de que bastaría sustituir a algunos funcionarios o partidos para salir del abismo en que hemos caído y lidiar con el desastre.

Al aprestarnos a luchar tanto como sea necesario para defender lo nuestro, repasamos nuestra larga experiencia, lo que aprendimos de errores recientes, lo que hemos experimentado en nuestra organización y en nuestra antigua capacidad de gobernarnos. Sabremos qué hacer cuando llegue el momento.