Entereza

28 de septiembre de 2015

Alejandro Vera apenas podía creerlo. Le llegó, de fuente confiable, la información atroz. Un grupo de sicarios preparaba ya el secuestro y el asesinato de una de sus hijas. No tuvo margen de maniobra. No podía especular. Están a buen resguardo.

No era una información en el vacío. Le habían llegado amenazas de muerte para él y su familia. Su esposa y su hija fueron intimidadas. Para colmo, las amenazas habían estado saliendo de la Fiscalía General del estado de Morelos.

El hecho es inaceptable, no importa quién lo sufra. Pero se trata del rector de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos. Muchas víctimas pierden primero la vida y luego prestigio, historia, realidad. Se les siembran armas, drogas o malas costumbres o compañías. No podría hacerse lo mismo con el rector Vera. No le estorba a un cártel de drogas, sino a cárteles políticos que no soportan a un rector que quiera comprometer la universidad con las comunidades y pueblos de Morelos; que haya marchado, con la comunidad universitaria, para protestar por el asesinato del maestro Chao y su esposa; que haya asumido cabalmente el dolor y la rabia de Ayotzinapa…

Es preciso preguntarse, una vez más, cómo se llegó al nivel de degradación moral y política en que un funcionario público puede dar esa orden criminal, cómo caímos en ese lodazal social y político. En el lodo es imposible distinguir entre tierra y agua; en México ya no se puede distinguir entre el mundo del crimen y el de las instituciones.

Este sábado se recordó en el mundo entero el crimen de Ayotzinapa. Los 43 no sólo les faltan a sus familiares. Faltan en muchas ciudades de México y de otros países. En todas partes salieron a la calle y realizaron toda suerte de actividades quienes siguen exigiendo verdad y justicia, quienes contestaron “¡

Todo mundo sabe que no se trata sólo de 43. Que ni siquiera agregándole tres ceros a esa cifra tendremos una imagen más precisa de la tragedia que padecemos. Pero los 43 son símbolo de todas las víctimas. Repetimos el número una y otra vez, porque su caso fue la primera evidencia pública e incontestable del lodazal, de esa doble condición de los funcionarios…

Oaxaca también pasó lista. Estaban las imágenes de los 43, junto a las de Bety Cariño y Jyri Jaakkola, asesinados hace cinco años, en el centro del largo ritual que dio principio al segundo Encuentro de Pueblos, Comunidades y Organizaciones de Oaxaca: Horizontes del Movimiento Social Oaxaqueño. Se le convocó para los días 25 y 26 de septiembre de 2015 para que coincidiera con este aniversario cada vez más incómodo, doloroso, insoportable.

Casi un centenar de organizaciones y docenas de comunidades se congregaron para reflexionar juntos sobre el contexto de Oaxaca y del mundo, conscientes de la profundidad y alcance de la tormenta, del momento de peligro, de que en las comunidades está la fuente de inspiración y fortaleza y con ellas podrán construir la agenda política actual del movimiento social oaxaqueño para reaccionar a las urgencias del día. La primera es liberarse de la ocupación policiaca y militar que padece el estado. Las decenas de miles de gendarmes militarizados han llegado a intimidar, a agredir, a vencer la resistencia de pueblos que siguen defendiendo su territorio y se muestran dispuestos a perder la vida antes que rendirse. Salieron todas y todos los asistentes con nuevo aliento, reanimados, cargados de las tareas que se comprometieron a realizar.

El sábado circuló un nuevo comunicado de los subcomandantes Moisés y Galeano. ¡Verdad y justicia! Este día 26 de septiembre, miles de zapatistas... nos manifestaremos en nuestros territorios para abrazar así a todas las personas que tienen el dolor y la rabia a causa de la cárcel, la desaparición y la muerte impuestas por el de arriba... Llamamos a todas las personas honestas y cabales del planeta para que hagan lo mismo, en sus calendarios y geografías, según sus tiempos y modos... Nuestros dolores y rabias buscan la verdad y la justicia. Tarde o temprano aprendemos que no se encuentran en ningún lado, que no hay libro, ni discurso, ni sistema jurídico, ni institución, ni promesa, ni tiempo, ni lugar para ellas. Que hay que construirlas aprendemos. Como si el mundo no estuviera cabal todavía, como si un hueco le hiriera el vientre, lacerado el corazón del color que somos de la Tierra. Así aprendemos que sin verdad y sin justicia no hay día ni noche cabal. No reposa nunca el calendario, no descansa la geografía.

Los crímenes atroces, las amenazas continuas, la noticia cotidiana de un nuevo horror, de otra impunidad, no nos intimidan. A lo único que tengo miedo, declaró el rector Vera, es a que maten mi conciencia. Y eso es lo que no logran. Es cada vez más general el lema que define el ánimo popular actual: Nos quitaron tanto que hasta el miedo nos quitaron.